1,000 empleados fuera. 300 vacantes canceladas.
El CEO de Snap, Evan Spiegel, anunció el despido de aproximadamente 1,000 empleados y el cierre de más de 300 puestos vacantes. La reducción total equivale a una cuarta parte de la plantilla planificada de la compañía. ¿El motivo oficial? "Los rápidos avances en inteligencia artificial."
No es un caso aislado
Snapchat no es la primera ni será la última. La relación entre Snap y OpenAI terminó "amigablemente" en el primer trimestre de 2026 tras pruebas limitadas que nunca llegaron a un despliegue completo. Pero el daño ya estaba hecho: la IA demostró que podía hacer el trabajo de cientos de personas.
En los últimos 12 meses, hemos visto movimientos similares en:
- Telecomunicaciones: BT Group anunció 55,000 despidos para 2030, de los cuales 10,000 serán reemplazados por IA.
- Banca: Goldman Sachs estima que 300 millones de empleos están expuestos a la automatización con IA generativa.
- Desarrollo de software: Empresas reportan aumentos de productividad del 40-55% con asistentes de código, reduciendo necesidad de contratación.
El patrón que se repite
La automatización no es nueva. Lo que cambia con la IA generativa es la velocidad y el tipo de trabajos afectados. Ya no son solo tareas repetitivas de fábrica. Ahora hablamos de diseñadores, copywriters, programadores junior, analistas de datos y atención al cliente.
El caso Snapchat es simbólico porque es una empresa nativa digital, tecnológica, que debería ser resistente a la disrupción. Si Snapchat no puede proteger a sus empleados de la IA, ¿quién puede?
¿Catástrofe u oportunidad?
Históricamente, cada ola de automatización ha eliminado empleos y creado otros nuevos. La diferencia con la IA es el ritmo: el cambio que antes tomaba décadas ahora sucede en meses.
La pregunta no es si la IA va a transformar el mercado laboral —ya lo está haciendo— sino si estamos preparados como sociedad para gestionar esa transición. Formación continua, renta básica universal, reducción de jornada laboral... las soluciones están sobre la mesa. Lo que falta es voluntad política.
El tren de la automatización ya salió. La pregunta es si vamos dentro o nos quedamos en el andén.