Descargar una aplicación se ha vuelto una experiencia parecida a comprar un combo: pedías una cosa y te llevabas cinco. Necesitabas una linterna y la app venía con editor de fotos, un chat, un sistema de puntos y tres pantallas de configuración que nunca abriste. Así hemos convivido durante años, con software que servía para lo nuestro pero que cargaba encima todo lo que a su creador se le ocurrió añadir.
El cambio que se está viendo ahora lo resume bien un análisis publicado en Xataka: hasta hace poco las apps solo podían hacer lo que sus creadores querían, y la IA está dinamitando esa lógica. Ya no es el desarrollador quien decide qué botón tienes; se lo puedes pedir tú a un modelo de lenguaje y construirte la herramienta a la medida.
Por qué las apps terminaron haciendo de todo
Una aplicación suele nacer para resolver una necesidad muy concreta: que bebas agua, que enciendas la linterna, que compartas fotos con tus amigos. El problema aparece cuando decenas de apps cubren exactamente lo mismo. Para seguir destacando, la única vía que encontraron muchos desarrolladores fue engordar el software: añadir funciones, secciones y servicios aunque nadie los hubiera pedido.
El resultado es conocido por cualquiera que haya usado un móvil de gama media: aplicaciones que ocupan espacio, consumen batería y datos, y que en la práctica usas para una sola cosa. La vía de vuelta era mínima: dejar una sugerencia en un buzón que casi nadie lee y esperar que, algún día, al equipo le pareciera buena idea.
Contentar a todo el mundo es imposible
Hay además un problema de fondo que no se resuelve con más funciones. Siempre existirán tareas muy específicas que queden fuera, porque un desarrollador no puede especializar su aplicación para cada persona que la instale. Es materialmente imposible hacer feliz a todo el mundo con un mismo producto. Y si tú sabes exactamente lo que quieres, la pregunta lógica es por qué no tienes ya un botón para eso.
El vibecoding: la app a la medida que antes no existía
Eso es justo lo que está facilitando la IA. Lo que se ha dado en llamar vibecoding permite algo impensable hace pocos años: encargar una aplicación como quien encarga un traje a medida. Solo que el sastre ya no es un programador, sino un modelo de lenguaje con una interfaz de chat. Le describes la necesidad, iteras con él y obtienes el software.
Los ejemplos que recoge el artículo original son bastante cotidianos:
- Una app para controlar la domótica de casa sin que los datos salgan de la red propia.
- Un software para quitar el bloatware, ese software preinstalado que no puedes desinstalar, de móviles Android.
- Una aplicación de tareas familiares con la base de datos alojada en un servidor propio.
Más allá de no necesitar código, hay un detalle que importa mucho en Cuba, donde la conexión es limitada y los datos personales valen oro: puedes pedirle al modelo que la aplicación funcione sin enviar información a ningún sitio, que todo se quede en tu entorno. Eso, con una app comercial, es simplemente imposible de negociar.
No es tan nuevo como parece
Conviene no perder la perspectiva. Crear herramientas adaptadas a uno mismo es casi tan antiguo como el software. Ahí están las macros de Excel, o herramientas como IFTTT, Tasker en Android y Atajos en iOS. Con práctica se les saca mucho partido, sí, pero no es lo mismo que escribir en un chat "quiero que haga esto" y que aparezca funcionando.
El poder no desaparece, se muda
Antes era el desarrollador quien marcaba lo que una app podía o no hacer. Esa especie de dictadura se diluye en favor del usuario, pero eso no significa libertad plena: el poder recae ahora en los modelos de IA, es decir, en las grandes empresas que los entrenan y los sirven. Lo que hoy parece un servicio casi de consumo general termina convirtiéndose en dependencia, y por las dependencias se cobra tarde o temprano.
La suscripción no desaparece: se muda. Deja de estar en la app del desarrollador y pasa al plan de IA que tengas contratado. Si quieres una aplicación vibecodeada que funcione bien, lo razonable es pagar un modelo decente. Es una jugada redonda para quien vende el modelo.
Que puedas hacerla tú no significa que sea mejor
Tener una app hecha a tu medida es una ventaja real, pero no conviene engañarse. Es una aplicación que funciona sin que sepamos muy bien por qué. No hay soporte, la corrección de errores queda del lado del modelo y nadie te garantiza que un cambio no termine fastidiando algo delicado. En un equipo donde se gestionan datos sensibles, eso pesa.
Por eso el vibecoding no parece llamado a sustituir al desarrollador, del mismo modo que generar imágenes o texto no ha reemplazado a diseñadores y redactores. La IA democratiza el acceso hasta cierto punto: te da una app que funciona para ti, no una que aguante a miles de usuarios, que sea segura o que alguien mantenga dentro de tres años.
Qué esperar a corto plazo
El panorama probable es un reparto de tareas. Las aplicaciones de siempre seguirán cubriendo lo que necesita casi todo el mundo: mensajería, banca, transporte. El vibecoding rellenará los huecos que ningún desarrollador va a cubrir porque no le resultan rentables. El botón que echabas en falta ya no hay que pedirlo en el buzón de sugerencias: basta con escribirlo en un chat.
Eso sí, conviene no olvidar quién está al otro lado de esa conversación y qué gana con ella. Según el análisis de Xataka, la libertad de crear llega, pero el control sobre las herramientas que usamos para crear cambia de manos. Saberlo es la mitad del trabajo.
Foto: Julio Lopez vía Pexels